
Un país herido que necesita volver a Dios
Por Dhariana Mateo
La familia dominicana atraviesa una crisis silenciosa que cada día deja más heridas emocionales, violencia y desesperanza.
Los feminicidios siguen arrebatando vidas y destruyendo hogares. Los suicidios recientes han encendido alarmas sobre la salud mental de nuestra sociedad. La criminalidad, los conflictos violentos y la pérdida de valores están llenando de miedo a muchas familias dominicanas.
Mientras tanto, miles de niños y jóvenes crecen emocionalmente solos, refugiados en las pantallas, con poca comunicación familiar y una enorme necesidad de atención, amor y orientación.
Estamos viviendo tiempos donde muchos hogares tienen internet, pero no conversación; tienen techo, pero no paz emocional.
Y aunque existen factores económicos y sociales que afectan esta realidad, también debemos reconocer que muchas familias se han desconectado espiritualmente.
La República Dominicana necesita volver la mirada hacia Dios.
Necesitamos hogares donde se ore más, se escuche más y se grite menos. Familias donde el respeto, la empatía, la fe y el amor vuelvan a ocupar el centro.
Porque cuando una familia se rompe, toda la sociedad comienza a fracturarse.
Todavía estamos a tiempo de sanar. Todavía estamos a tiempo de reconstruir. Todavía estamos a tiempo de volver a Dios.
Como dice Josué 24:15:
“Yo y mi casa serviremos a Jehová”.
La familia dominicana no necesita solamente sobrevivir. Necesita esperanza. Necesita valores. Necesita fe.
Y necesita ayuda urgente.